lunes, julio 16, 2007

ADIÓS

Sil, sé fuerte, recupérate, vive.
Aún no sé cómo procesar que ya no volveré a abrazarte, Pep.
Mi osito.

Un vacío más grande que toda tu envergadura es lo que queda.

martes, julio 03, 2007

SUPERPOP

Marc es superpop. Pop por un tubo. Ye-ye. Llevo ya dos conciertos (bolos, dice él) y me he esforzado; he tratado de dejar que las letras y la música me invadan; he intentado que la esencia de Los Burbujas me traspase, pero lo único que han conseguido arrancarme es un movimiento de cabeza de un lado al otro como el del perrito que tenía mi padre en el salpicadero del Seat 127 y me siento muy monga. Entonces, inevitablemente, viene la pregunta:

–¿Qué te ha parecido?
Y yo le digo
–Bien, muy bien. Tocáis muy bien. Sobre todo tú –añado–, y le beso para evitar que haga más preguntas.
La verdad es que los bubles tocan bien. Son buenos, supongo. Pero echo de menos un poco de adrenalina, de buen rollo; alguna corriente eléctrica que me haga chisporrotear un poco. Todo es lánguido o pastel, "el reflejo que no era yo; el que tú veías cuando aún nos quedaban tardes de verano" ... y ese tipo de cosas.
En fin, que salgo con un chico estupendo y con un gusto musical muy diferente al mío. Pero como la intención no es formar un grupo, no debería preocuparme... demasiado. Aún así vamos a ir juntos al Summercase, porque ahí sí que hemos encontrado algunos lugares comunes... contaditos con los dedos de una mano.
Por lo demás, nos va bastante bien. Genial, guay. Fluido. Sin altibajos. Aburrido no, qué va. Quizás predecible... Supongo que eso está bien. No debería preguntarme tanto por qué tengo la sensación de que no es el hombre de mi vida. Como decía un viejo amigo, si está en tu vida, es el hombre de tu vida.
Y eso es una verdad como una casa.


lunes, junio 18, 2007

¿QUIÉN DIJO NOVIO?


–Llevas dos findes desaparecida.
Marta me escupió la frase ayer domingo. Fue justo al bajar del avión y en el preciso instante en el que daba vida a mi móvil después de su merecido descanso de dos días en el cajón de una cómoda.
–Marta, mi niña, es que acabo de aterrizar....
–De caer de la parra, querrás decir...
–No, estoy en el Prat. He pasado el fin de semana en Menorca...
–¡No me jodas!
–... con Marc.
No sé por qué bajé la voz, él estaba en el lavabo y yo junto a la cinta transportadora de los equipajes del vuelo VLG 1141 MAH.
–Eres una... (y aquí colocó una ristra de lindezas irreproducibles). ¿Cómo lo haces? ¿De dónde sacas la pasta?
–De la hipoteca, la moto y la presión de agua que no tengo. Así me va, que luego como pasta seca del DIA todo el mes...
–Oye, este Marc te está monopolizando.
–Sus amigos pueden pensar lo mismo de mí...
–Mila, no me asustes... ¿sois... "novios"?
Y dijo "novios" con la misma entonación con la que hubiera dicho "leprosos".
–Cojo un taxi y en 20 minutos estoy en tu casa. Tengo que hablar contigo.
Y colgué.
No sé si he comentado alguna vez por ahí que Marc vive con sus padres... Después de casi dos semanas sin apenas aparecer, quería volver a su reducto y mostrarles que sigue vivo. Compartimos taxi, le dejé en la puerta de la casa de sus progenitores y casi le grito ¡arranque! al taxista cuando comprobé horrorizada que una señora (¡su madre!) le esperaba saludándole desde el balcón.
Marta me recibió con una cervecita y un "so pécora, qué morena estás". En su terracita la puse al día con tanta intensidad que creo que a ella le costaba seguirme.
–Esto va demasiado rápido–fue su veredicto.
Y supe que tenía razón.
Traté de exponer con orden la teoría del "arrebato consciente", y me la contrarrestó con la del "pinchazo previsible"; le recordé los casos comunes que conocíamos de parejas hechas de un día para el otro y que funcionaban perfectamente; ella se encargó de enumerarme las muchas más que no; le expliqué cuánto congeniábamos y ella me descolocó metiendo el dedo en mi heridita particular:
–Muy bien, y en todos estos días de Pin y Pon edulcorados ¿cuántas veces te has acordado del señor Maravillas? Si me dices que ninguna, te doy mi bendición.
–Pues unas novecientas... Pero no soy un robot, quiero decir que es normal que después del chute de mi cumple, aún piense en él... Ya se me pasará.
–¿Estás enamorada de Marc?
–Define enamorada...
–Sí, guapa, a estas alturas te lo voy a definir. Como si no lo supieras. Como si no te hubiera oído desde hace más de un año decir tonterías del tipo (y puso voz aflautada) "es el hombre de mi vida, te lo juro Marta, es verlo y me sube un no-sé-qué-qué-sé-yo..." con cara de pequeño pony...
–Bueno, deja a Mr.Wonders en paz. Ya va siendo hora que se me pase la tontería. Igual incluso mi agilipollamiento es porque no puedo tenerle... vete tú a saber... no quiero más psicoanálisis del todo a cien. Estoy bien con Marc. Feliz. Ya me he dado muchas hostias. Y vale, no oigo pajarillos pero que le den por saco a los pajarillos y a las películas de Jennifer Aniston y a toda esa basura. Si mi príncipe azul destiñe, me lo busco de color verde.
–En ese caso, bienvenido Marc a tu vida... y espero que también a la de tus colegas.
–Desde luego.
Y brindamos con esas cervezas y con las que vinieron después.
Eran casi las dos de la mañana cuando volvía a mi piso. Marta insistió para que me quedara a dormir en su casa, pero me apetecía dormir sola en mi cama. Sobre todo si, como apunta la tendencia de las últimas dos semanas, eso va a convertirse en algo excepcional.




miércoles, mayo 23, 2007

PRINCESA SIN PRÍNCIPE

Han pasado varios días, pero el recuerdo de su mano grande y morena acariciando suavemente mi mejilla a modo de despedida aún me provoca escalofríos. Estábamos los dos junto a la puerta y la multitud gritona y apelotonada parecía no existir. “Gracias por venir”, le dije yo mientras pensaba “no quiero que te vayas”. Entonces él me acarició de esa manera y se despidió. “Adiós princesa”.

Pero eso fue muy tarde, y antes habían pasado tantas cosas…
La gente se lo estaba pasando bien. No es de extrañar, porque había litros de vino y de cerveza y muchísimas ganas de juerga. La cena iba saliendo escalonadamente; tanto que aún no habíamos terminado y el local ya se estaba llenando de gente ajena a la fiesta. Yo estaba emocionadísima poniendo (con algún que otro fallo técnico bochornoso) la música que me hace bailar a mi y, por extensión, a mis amig@s del alma. No les debió parecer mal a los extraños, porque también bailaban e incluso una guiri rubia, guapa y sonriente vino a agradecerme la selección. El caso es que me sentía feliz, relajada y ligeramente etílica.
Cuando la mirada del dj del local me dijo “estoy a punto de ir a la cocina a buscar el cuchillo del jamón” decidí dejar de jugar a soy dj y reunirme con mi troupe. Marc el burbuja, con el que había intercambiado saludos y un poco de tontería al llegar se me acercó más de lo normal y me dijo con una preciosa sonrisa que hubiera preferido algo más de pop pero que le había gustado mi “actuación”. Saltaba a la legua que mentía pero no me importó lo más mínimo. Se me antojó guapísimo en las distancias cortas y constantemente tenía que reprimir el impulso de pasar mi mano por su pseudo-afro cabellera, que ejercía una atracción indescriptible sobre mí.
Pero como yo era la princesa por un día de la fiesta tuve que ir interpretando mi monárquico papel entre todos los invitados cual Isabel Preysler en casa del embajador, con lo que nuestras conversaciones estaban siendo tan surrealistas y entrecortadas como proporcionalmente sugerentes. Estaba casi segura de que teníamos muchas probabilidades de acabar liados esa noche.
–El burbuja te pega mogollón –me dijo una Marta feliz y borracha.
–Es mono, ¿eh? (qué queréis que os diga, las conversaciones de niñas, o al menos las de Marta y la menda, suelen ser así).
Y las dos lo miramos como si estuviéramos examinando un vestido de Miguel Palacio, con la cabeza ladeada y cara de tontas.
La noche avanzaba y Marc estaba increíble. Divertido, chisposo, cariñoso y encantador. Además llevaba él toda la iniciativa, lo cual para mí suponía un alivio y una experiencia nueva y relajante: se acercaba y me traía vino, me guiñaba el ojo cuando nuestras miradas se cruzaban, me decía lindezas cuando pasaba a mi lado para ir al lavabo…
–Está en el bote – me soltó Marta cuando le oyó decir “hoy estás guapísima”.
–Mientras no me venga con una excusa de última hora…
–¿Tipo Mario?
–Tipo “los-frikis-con-los-que-últimamente-se topa-Mila”
–O sea, tipo Mario.
Pues sí, tipo Mario.
Cuando Marc en uno de sus acercamientos puso sin venir a cuento su mano en mi cintura para hablarme y ya no la sacó, ví claro que a este chico no le rondaban por la cabeza muchas dudas existenciales acerca de la comunión perfecta hombre-mujer. Y allí estábamos los dos, hablando de tonterías con su mano en mi cintura y su boca rozándome casi el oído al acercarse para hablar cuando de pronto lo ví entrar. Solo, despistado, tratando de avanzar entre la gente. Me quedé helada, como en standby. Era él, el señor Maravillas. Murmuré una disculpa rápida a Marc y fui hacia él. En ese instante me vio. Se dirigió hacia mí con su preciosa sonrisa y ese aire de no encajar en ningún sitio y nos encontramos en un punto medio, entre un inglés borracho y enorme y un grupo de chicas que bailaban en corro.
–Has venido…
–Felicidades
Nos dimos dos besos.
–Estás muy guapa –me dijo. Y yo me derretí un poquito.
Miré rápidamente alrededor
–¿Has venido solo?
–Estoy con unos amigos aquí cerca y he pasado a saludarte. Bueno, y a darte esto.
Era una selección de cedés de Nina Simone. Hacía tiempo, en una de aquellas tardes en que nos lo pasamos tan bien hablando de la vida, cuando aún creía que el hombre de mi vida podría serlo de verdad, los dos habíamos comentado que era muy graciosa la escena en que Julie Delpy imita a la maravillosa Nina Simone delante de Ethan Hawke en “Before sunset". Me entraron ganas de arrebatarle la mesa de mezclas al señor dj “mira que funky soy” y poner a todo volumen “Feeling good”.

Nos fuimos apartando poco a poco del inglés borracho y nos quedamos junto a la pared. Le invité a una copa. Brindamos por mí, por la Velvet Underground, por Johnny Cash y por Nina. Pasado el corte inicial nos sumergimos en una de nuestras conversaciones interminables. Los colegas que se iban yendo nos interrumpían para despedirse, pero él seguía allí. Había momentos en los que perdía el hilo de lo que me estaba diciendo; sólo oía los latidos de mi corazón. De vez en cuando se nos acababan las frases y nos quedábamos callados, mirándonos y sonriendo como un par de idiotas. En uno de esos momentos pasó Marc por allí, puso su mano en mi cintura, me cogió la cerveza, le dio un trago, me guiñó el ojo y se fue. Creo que me puse un poco roja. El señor Maravillas lo miró de reojo pero no pareció sorprendido. No preguntó. Yo tampoco dije nada.
Al cabo de un rato la carroza comenzó a convertirse otra vez en calabaza.
–Tengo que irme –me dijo.
Le acompañé a la puerta.
–Gracias por venir.
Y entonces vino lo de la mano, y el “Adiós princesa”. Nos dimos dos besos y mi mano se entretuvo más de lo necesario en su nuca.
Al día siguiente me desperté en mi cama y con Marc a mi lado. Fue divertido. Marc me gusta mucho. Pero me sentía rara. Como si le estuviera siendo infiel a alguien.
Quizás a mi misma.

miércoles, mayo 16, 2007

LA CUENTA ATRÁS

Hoy cumplo 30 años. Algunos y algunas ya sabéis que no llevo muy bien el tema del paso del tiempo, aunque siempre es mucho mejor cumplirlos que no cumplirlos. Lo de cambiar de década ya es demoledor. A veces me imagino que si muriera en un accidente de tráfico, en el telediario dirían que falleció "una mujer de 30 años" y no una chica de 30 años. Entonces me miro los pies, me veo las Converse y el bajo del tejano, y no entiendo la relación biológico-perceptiva del concepto "edad". Por otro lado, tampoco me apetece padecer el síndrome de Peter Pan for ever, pero es que me siento más joven. Adolezco de inmadurez.
¿Cómo celebrar el cambio de dígitos? Pues he montado una fiesta con mis amigos y amigas del alma para el sábado. Va a haber buen rollo, alcohol y música, que ahora mismo son mis intereses más inmediatos. De hecho, haré mis pinitos como dj gracias a un acuerdo con la gente del local, aún a riesgo que los susodichos amigos/as del alma dejen de serlo. Mi otro interés, los hombres, ha pasado a un segundo plano, aunque espero que la apatía me dure sólo unos días.
Recuerdo con nostalgia mis veranos de adolescencia en el pueblo de mi padre. Allí conocí a una chica de mi edad y durante un tiempo fuimos amigas. Luego la distancia hizo bien su trabajo y perdimos el contacto. Ella vivía allí y su realidad era extremadamente diferente a la mía. Cuando tenía 18 años su novio la dejó. En su desconsuelo, pronunció una frase que se me quedó grabada: "¿Y qué voy a hacer ahora con 18 años
y sin novio?". Se sintió condenada. Yo le contesté algo así como "vivir la vida" pero no pareció entusiasmarle la idea. Al poco tiempo se casó con otro chico de por allí.
Estos días, cuando la fecha crítica se iba acercando, me ha asaltado recurrentemente el pensamiento de "con 30 y sin novio" pero tras un exhaustivo repaso de mi lista de novios "oficiales" (y alguno me duró bastantes años, no creáis) la conclusión aplastante ha sido que me siento infinitamente satisfecha con mi estado actual. Así que a la pregunta "¿Y qué voy a hacer ahora con 30 años y sin novio?" me contesté: "Una fiesta de las que no se olvidan".
Me puse manos a la obra y ya está todo más o menos preparado. He invitado a muchos amigos que hace tiempo que no veo, porque me apetece estar rodeada de gente que aprecio. También a Marc el bajista y al resto de burbujas. Y ahora viene lo bueno: se lo he dicho al señor Maravillas. Me he arrepentido al instante: existen muchas posibilidades de que se presente con su partenaire. Sé que es un riesgo que corro, pero ahora ya no hay marcha atrás. Fue en un pronto de ésos que tan a huevo pone la opción "send". Antes, cuando había que marcar siete números en un teléfono (¡y en mi casa el aparato era de disco!) había más opciones de replantearse los ramalazos. Pero la tecnología moderna es demasiado veloz. (¿Lo véis? Ya hablo como una abuela). En fin, el único consuelo que me queda es que si viene con su novia se me presenta una ocasión estupenda para sacármelo de una vez de la cabeza. Década nueva, sentimientos nuevos.
Mientras tanto, hay que tomárselo de otra manera. Sonreír a la vida.
Y como podéis apreciar en la foto, ¡lo intento!



jueves, mayo 03, 2007

LAS ACERAS DE NUEVA YORK (Y SUS CACAS DE PERRO)

Ya he vuelto al mundo virtual después del aluvión de trabajo postvacacional y una infección de riñón. Cuando me agobia el estrés, cierro los ojos y recuerdo con nostalgia las aceras de Nueva York y a Sam y se me pasa el cabreo… lo justito.
No voy a contaros cómo es Nueva York, entre otras cosas porque es tan grande y hay tanto de todo que cada persona contaría cómo es su Nueva York. Por eso he decidido hacer un par de listas. Ahí va la primera.

5 RAZONES POR LAS QUE VIVIRÍA (UNA TEMPORADA) EN NY
- 1ª (y a años luz de las demás): es el paraíso musical.
En una semana fui a dos conciertos de dos de mis grupos favoritos (Placebo y Kaisyer Chiefs) en una sala de dimensiones aceptables, además de asistir a una sesión de 4 bandas en directo en un garito rockero a cuál mejor (sobre todo unos que tendrán que cambiar el nombre - Bonbond- y el look del bajista si quieren triunfar). Y eso que éramos cuatro gatos aplaudiendo. Allí el más tonto sabe tocar bien la guitarra. El sonido de los locales es exquisito. Las tiendas de instrumentos son enooooormes y están llenas de chicos guapos e interesantes que babean mirando las fenders (huelga decir que yo babeaba mirándolos a ellos). De verdad que si os gusta la música, allí vives en perpetuo estado de excitación musical.










Qué bien se lo pasaron los Kaiser tocando

- 2º: Allí está Sam. Que es un americano que conocí en el concierto de los Kaiser Chiefs con patillas y ojos verdes y aspecto desaliñado que sabe mucho de música y de decir piropos bonitos y que huele a zumo de limón. Y que vendrá a Barcelona algún día (o eso promise me)


- 3º Existen tiendas de segunda mano (o vintage, como dicen las revistas petardas) con cosas chulas y BARATAS (p.ej Beacon’s closet, en Brooklyn). No como en Barcelona, donde además de no valer gran cosa te cobran como si estuvieras comprando en Chanel. Imaginad la ropa de los 60 y 70 de la gente de Nueva York, ésa que hemos visto en mil anuncios, revistas, documentales y revistas.. Pues eso.
Y para muestra un botón de todo lo que compré (y eso sin contar las revistas, los cds, la ropa interior, las coockies de chocolate…).

- 4º El MOMA. Sería feliz si supiera que siempre que me apetece puedo ir a echarle un vistazo a Las señoritas de Avinyó.

- 5º Las tiendas siempre están abiertas. Incluso los supers. A mi horario desquiciado le iría de perlas.





Pero también hay muchas cosas de esa ciudad que pudieron conmigo:


5 RAZONES POR LAS QUE NO VIVIRÍA (UNA TEMPORADA) EN NY
- 1º (y a años luz de las demás): ¿Por qué los americanos te dan órdenes a gritos? ¿Por qué parece que estés constantemente haciendo la mili? Y no hablo sólo del aeropuerto donde of course a grito pelao te hacen ponerte en la cola, esperar tu turno, volver a pasar… Ni tampoco hablo de salir del ascensor del Top of de Rock (la torre del Rockefeller Center) y que la señorita “vehiculadora” te grite que no te quedes ahí, que vayas allá, que te pongas así… Lo más fuerte fue esperar en la cola del lavabo del Roseland, la sala de conciertos que os comentaba, y tener la sensación de estar en Guantánamo: “Ladys, against the wall. Ladys, hold the line, Ladys three more!” nos vociferaba un señor negro enorme y con uniforme (¿será que lo del uniforme les confiere automáticamente una sensación de autoridad que debe ser manifestada a gritos?). Y ya dentro del lavabo, una señora nos iba pasando a ritmo vertiginoso papel de wáter e insistía “Quickly, ladys, quickly”. Yo estaba horrorizada; cuánta tensión para un simple pis.

-2º. Hay demasiado de todo. No es que abogue por el sistema comunista, qué va, lo que pasa es que cada vez que entras en algún establecimiento SEA DE LO QUE SEA te entra una ansiedad ante tantas posibilidades que a veces acabas por no comprar nada. Cada mañana desayunaba en una bonita cafetería de la 2º con la 84 Este. Pues bien, resolví pedir siempre un cruasán porque era incapaz de decidirme entre tantos pies, tantos plumcakes y mil cosas más con nombre rarísimo y aspecto delicioso. Además, nadie parece dudar nunca, por lo que si te pones a mirar y a emitir sonidos como “Mmm”, o “one second…” te miran un poquito mal.

- 3º. Abercrombie & Fitch: El infierno hecho tienda. Tuve que entrar a comprarle unos pantalones a mi hermano y casi salgo en coma. La música está aún más alta que en cualquier discoteca, con lo que debes gritarle (otra vez los gritos) al dependiente mucho y aún así le cuesta oírte. Está oscuro y confuso y hay tíos y tías semidesnudos (eso no tendría que ser un problema, ya lo sé, pero cuando ves a cinco adolescentes acnéicas haciéndose fotos con un musculitos de pecho depilado todo te parece muy patético). El dependiente (chileno) me dijo que además la música era siempre la misma en un bucle sin fin y eso ya me pareció el colofón del averno.

- 4º. Si no eres rico, no creo que se pueda vivir dignamente. Y eso va sobre todo por los alquileres, porque lo que es salir y comer, pues como en Barcelona, más o menos (menos las cervezas, que son más caras). Por cierto, que en un bar me pidieron el passport, qué alegrón. Bueno, a lo que iba, mi hospitalario amigo Nick (un americano guapísimo, culto y homosexual para pena de las mujeres-Carrie Bratshow de piernas maquilladas que coqueteaban con él por doquier) se deja ¾ partes de su sueldo bastante bueno en un cuchitril de Manhattan. Tremendo. Digo yo que por aquí vamos por el mismo camino, pero al menos mi piso tiene dos habitaciones, by the moment.

-5º La gente está sola. En la misma cafetería que os comentaba más arriba la gente desayunaba tecleando en su portátil o hablando por el móvil pero siempre iban solos y se iban solos. Supongo que por eso hay tantos perros y tanta industria canina (y esto es verídico): líneas de ropa para perros en las tiendas más conocidas y también en las más fashion, psiquiatras para perros y gimnasio para ídems. Y claro, cacas de perro. Alucinante.

- 6º (de regalo). Delta Airlines, la compañía que te deja en tierra por overbooking, que no tiene hotel para alojarte (como si en NY no hubiera hoteles), que si te lo dan es para sacársete de encima (una familia llegó a uno derivados desde Delta y resultó que estaba completo; yo decidí volver a casa de Nick one more night) y que te hace esperar una media de 3 horas después de haberte notificado sin demasiada amabilidad que I’m afraid the flight is complet. Aunque hayas llegado 4 horas antes y hayas re-confirmado tu reserva 48 horas antes.

Hay muchísimas más anécdotas de NY: la mujer más fashion resultó ser de Igualada (localidad sita en el corazón de Catalunya), los púberes judíos ortodoxos con todo el kit de ortodoxidad encima tocando la guitarra eléctrica en una tienda, la mujer con rulos que como si nada entró en el metro, el taxista sij que me pidió en matrimonio, las ostras del Atlántico riquísimas del Pastís (mucho más ricas que las del Pacífico). No vi a ningún famoso, (ni a Mark Ruffalo, snif), aunque en Central Park me pareció ver a Scritch, el de salvados por la campana… Pero para explicar anécdotas de Nueva York ya está Silvia, que además de verlas tiene que vivirlas a diario.
Así que no os mareo más.

miércoles, abril 04, 2007

A-FICCIÓN A CESC GAY Y A LA VISA



Me gustan las pelis de Cesc Gay porque no parecen películas. Los protagonistas hablan igual que en la vida real o a lo mejor no hablan, también como en la vida real. Y nunca pasa lo que crees que va a pasar porque es lo que suele pasar en las películas, sino que lo que pasa es lo que pasaría en la vida real, y por eso no te lo esperas.
"En la ciudad" me pareció una película increíble. Recuerdo que la fui a ver a los Renoir un miércoles a la hora de la siesta. Ese día estaba algo depre y con la sensibilidad a flor de piel. En la oscuridad del cine lloriqueé más de la cuenta, y salí de allí aliviada y pensativa (y también salí la última, por la vergüenza).
Este sábado, también sola aunque no tan depre, vi en casa Ficción. O más bien debería decir viví Ficción. Me cuesta recordar cuándo fue la última vez que me sentí tan identificada viendo una película. Más allá de la proximidad geográfica y cultural (o quizás debido a ello) sentía como si estuviera viendo por un agujerito, a modo de voyeur de la Cerdanya, los desencuentros y el derrumbamiento de la aparentemente tranquila seguridad de sus dos protagonistas. Y cada gesto, cada mirada, cada palabra no dicha era como revivir mi no-historia con el señor Maravillas. Aunque el final, por supuesto, no tuviera nada que ver.
Eso me dejó melancólica el resto del fin de semana y a punto estuve de hacer una gilipollez y llamarle, pero no venía a cuento para nada.
Y como a mí la melancolía se me cura con nuevas experiencias, me decidí por fin a comprar los billetes para ir a visitar al ex de mi hermano (sí, habéis leído bien; las historias de mi hermano dan para otro manual)... que vive en Nueva York. Es una de las ventajas de ser free-lance: me monto las vacaciones cuando otros están de vuelta.
Así que el viernes cruzo el charco. Serán casi 10 días en la big manzana pero he acumulado ya una lista tan larga de tiendas, bares, restaurantes y museos a los que quiero ir (también he comprado online una entrada para ir a ver a los Kaiser Chiefs) que creo que no me van a llegar. Y de paso comprobaré si los obreros tatuados son tan AF como dice Silvia (todo parece indicar que sí).
Prometo que si veo alguno, le cae una foto.
Viva la VISA.

miércoles, marzo 28, 2007

AF

¿Qué debe tener alguien del sexo contrario (o del mismo si eres homosexual) para ponerte las feromonas más revolucionadas que la moto del Yonan? Imagino que contestaréis que depende de cada caso, que a un@s que si esto, que a otr@s que si aquello…
Pues sabed, queridos y queridas, que hay gente que lo tiene muy claro.
Ayer fui a comer con Joana y me quedé de piedra cuando me soltó que yo “era muy poco exigente con los tíos”. Le contesté que por supuesto no les exigía que me hicieran la colada o que me llevaran en coche al Lidl, pero parece ser que su “crítica constructiva” no iba por ahí…
––Mila, algunos con los tíos con los que te has liado son, son, como decirlo… poco agraciados.
Hice un rápido repaso a los más recientes y no me pareció que estuvieran nada mal, así que se lo dije. Ella no parecía compartir la misma opinión:

––Hombre, Mario sí que es majo, ya lo sé (no olvidemos que es amigo suyo), pero por ejemplo, aquel chico calvito…
Aquel chico calvito es Pablo, un rollete estupendo, divertido, buena gente y con una bonita calva que rivaliza con sus ojazos marrones.
––Hombre, no es Mister Benidorm, pero es majete.
––Ay, Mila, qué va a ser majo. Si hasta estaba gordito…
––No me importa en absoluto que estén gorditos, o que sean calvos… de hecho el típico buenorro de gimnasio no me mola, ya lo sabes… –le contesté sin dar crédito a lo que me estaba diciendo–.
––¿Lo ves? Mira, tú te enrollas a la primera de cambio con un chico. Si me dijeras, “bueno, no es muy guapo, pero me gusta, le quiero, o lo que sea…”, y salieras con él, lo entendería. Pero son un rollete de una noche
––O de dos–la interrumpí.
––Ya, pero si sólo es sexo… ¿por qué no eres más exigente?
Respiré hondo antes de soltarle alguna animalada. Joana es una chica extremadamente complicada y con poca capacidad autocrítica, que empalma novios guapos y agotadoramente celosos con novios guapos y mortalmente pusilánimes, que vive sus relaciones como auténticos dramas y que tiene la susceptibilidad a flor de piel. Con toda la paciencia de la que fui capaz, traté de explicarle:
––Mira, me he acostado con tíos buenorros de ésos que a ti te gustan tanto y no he sacado nada bueno. Aunque parezca una chica de “aquí te pillo, aquí te mato”, no me acuesto con el primero que se me pone a tiro. Necesito que me seduzcan, pero no con sus músculos sinó con su conversación, o su sentido del humor, o no sé… A veces al cabo de nada noto que he conectado con esa persona y en ese instante me parece muy atractivo…
––Pero no quieres hablar con él, sino acostarte con él, ¿no?
––Bueno, sí, pero una cosa no quita la otra. Además, estoy segura de que no se trata de eso, sino de gustos. A mi me gustan un tipo de chicos que a ti no y al revés.
––A mi me gustan los chicos objetivamente guapos.
––Pues a mi Nacho no me parece objetivamente guapo.

Se lo solté. Huelga decir que Nacho es su novio.

––Pues hija, serás la única, porque las tías se giran por la calle para mirarle.
––Bueno, pues no me parece subjetivamente guapo. Es demasiado… no sé, como un quarterback de ésos de serie de adolescentes americana. No me pone.
––Es que te gustan más raritos…
De repente pensé que si algún día Joana ve a Marc, mi nuevo objetivo, lo iba a encontrar escuchumizado y extravagante. Eso me encantó.
––Piénsalo de otra manera. Así Nacho está a salvo de mi libido.
No le hizo mucha gracia el comentario.


Esa misma tarde, de cañas con Marta, le conté la conversación.

––¿Joana es esa amiga tuya del otro trabajo que siempre lleva el bolso a juego con el broche del abrigo o con los pendientes? No me extraña que no coincidáis en los gustos…
––Bueno, sí, no nos parecemos mucho… Pero dime, ¿de verdad dirías que soy “poco exigente?
––Hay que joderse. Si tú eres poco exigente, yo soy nula exigente, y aún así no me como una rosca últimamente. A ti te gustan tíos muy diferentes, no tienes un arquetipo como la Joana esa, que sólo sale con tíos prototipo “equipo de waterpolo”. ¿O es que ahora sólo van a follar los tíos mazas? A ti te pasa lo mismo que a mi: encuentras a muchos tíos AF.
––¿AF? ¿Auto focus?
––No, AF, Altamente Follables.

Casi se me atraganta la tercera caña con la expresión.
––¿Estás de coña? ¿De dónde has sacado eso, del Cosmopolitan?
––No tía, me lo acabo de inventar. Pero haz la prueba. Hoy de camino a casa fíjate bien y cuenta cuántos de los tíos con los que te cruzas te parecen follables.
Le dije que así lo haría. En el intermedio de House, me llamó.
––¿Cuántos?

––Diecisiete. ¿Y tú?
––Nueve

––Pero tú vives más cerca…

––Eso es verdad.
Me fui a dormir contenta. Pensé que, habiendo tantos AF’s por ahí, no debería preocuparme tanto que Marc aún no me haya llamado.

lunes, febrero 26, 2007

AGUJETAS DE COLOR DE ROSA

Me he sacado los ojos con una cucharilla. He apagado cigarrillos en mis muslos. Me he clavado espinas de rosal bajo las uñas. Toda flagelación es poca para recordarme a mi misma que no debe volver a pasar; que una escribe un blog para tenerlo al día, porque si no, no se tiene. Y punto. Y por supuesto mi excusa es la del trabajo; una agonizante realidad que me tiene secuestrada en ese bonito loft de escasa luz que es el despacho donde me gano el pan y las camisetas del bershka, combinado con una bronquitis aguda que me ha tenido muchos días en estado de perpetuo moqueo. Ya me gustaría tener una excusa tan jodidamente excitante como la de mi parón de verano, cuando la menda estaba tan ocupado recorriendo la geografía europea y fornicando aquí, allá y acullá que no había tiempo para el tecleo; sólo para el reposo de los doloridos pero felices miembros.
Pero da igual. No puede ser. No debe ser. Aunque deba sujetar mis pupilas al estilo Clockwork Orange por las noches, levanto el puño en alto y juro a la viga del techo que nunca más volveré a dejar pasar tantos días entre entrada y entrada. Que se me acumulan las anécdotas, ottia.
Por ejemplo, la experiencia del Let's festival en la estupenda Salamandra. O mejor dicho, de la mitad de él, porque sólo fui dos de los cuatro días que duraba.
Dios, los Tarántula. Qué maestrío. Qué forma de desgañitarse. Atónita observaba yo a los cuatro pintorescos mozos mientras aporreaban sus hits de "Esperando a Ramón".
Ole, Josele. Cómo aparecer medio taja en un escenario y aún así (o precisamente por eso), conseguir una química brutal con su magistral guitarrista acompañante. Cómo mandar por saco el repertorio y lanzarse a tocar la música que te apetece; en este caso clásicos del rock&roll con un destreza adorable.
Maigod los Antònia, la niña de mis ojos (o nineta dels meus ulls), tan refrescantes como siempre, aunque aquí debo matizar que el “como siempre” va también por su acepción de "habitual", ya que hacen el mismo repertorio again and again, sin sorpresas ni sobresaltos. Pero aún así siguen siendo un regalazo. Supongo que voy a demasiados conciertos suyos.
Y de Fire no puedo hablar, porque llegué tarde y de Dorian no opino, porque no me gustan aunque les reconozco el mérito, sobre todo por ser tan púberes.
El viernes mi cuerpo dijo "¡Basta! ya tienes una edad. ¿Acaso crees que puedes salir miércoles y jueves y sin que yo te pase factura, pequeña ilusa? ¡Toma dolor de espalda y sueño demoledor!" , por lo que me quedé en casa aun sabiendo que me perdía al "Chico de la espina en el costado" y también la oportunidad de ver por tercer día consecutivo al "Chico de las patillas tentadoras", de nombre Marc y de profesión eterno aspirante a estrella del pop. Menos mal que ya tenía su teléfono.
Pues sí, amados y amadas, estoy tramitando un nuevo lover. Un apuesto y escuchumizado jovenzuelo de ojitos de cervatillo y labios carnosos que toca el bajo en un grupo pop, "Los Burbujas", que por no tener no tienen ni Myspace.
El batería de "Los burbujas" es Roger (léase "rushé", no “rósher”, como “rósher rabbit”), hermano de un amigo (por cierto, estoy pensando en que me dé clases de batería; algo que hace mucho tiempo que tengo ganas de hacer, si encuentro el ídem). Nos conocíamos lo suficiente para que Marta, Raquel y yo compartiéramos durante las diversas actuaciones esporádicos pero largos momentos con él y sus colegas, que no eran otros que las burbujas que faltaban.
Marc es el prototipo de chico que me gusta, así que inicié sin rubor toda la ceremonia del cortejo homo sapiens, en el que la hembra despliega todos los encantos de los que dispone. Sólo me faltó hacer el baile de la grulla. Pero bueno, imagino que funcionó, porque se lo hizo venir bien para pedirme el teléfono y darme el suyo. O quizás sólo está buscando groupies para impresionar a la audiencia en el siguiente bolo, porque el pretexto fue invitarme al próximo concierto burbujil.
Por el nombrecito del grupo y por las influencias musiqueras que me mentó, imagino que hacen “poppy-pop” de ése con letras del tipo "vamos al parque, la hierba está fría y mojada". Vamos, “bubble pop". Pop dulzón y chicletoso con letras de intensa verdad soterrada en las cosas cotidianas. Y yo tengo alma de rock, qué le vamos a hacer. Pero bueno, no es su ipod lo que quiero de él, así que le dije que iría encantada.
A parte de eso puedo añadir que no tiene novia, que suma sólo 27 añitos, que trabaja como técnico operador de sonido, principalmente en rodajes, que tiene un bonito lunar en la aleta izquierda de la nariz y que luce unos lustrosos y brillantes rizos que se baten entre su naturaleza caucásica y el empeño de su dueño por conferirles un aspecto afro.
Y que el domingo me mandó un mensajito: “Muy pronto los burbujas en acción. Sigue atenta a la pantalla de tu móvil”, al que yo contesté. “Ok. Que tiemble Pamela Des Barres”.
Aunque igual ahora se cree que me quiero tirar a todas las bubbles…



jueves, febrero 08, 2007

ESCANDINÓFILA

En un mundo perfecto, la gente viviría en Copenhague. Un mundo perfecto de orden, pulcritud y simpatía. Una ciudad pequeña y amigable, donde todo el mundo (el conductor de autobús, el vendedor de las polsen-salchichas-, la señora que pasea al perro) tiene un correctísimo inglés. Una ciudad donde el transporte público (sobre todo el metro) parece futurista. Una ciudad donde apenas se ven vagabundos, o cacas de perro o macdonalds. Una ciudad donde las mujeres son altas, rubias y guapas y los hombres altos, rubios y guapos. Una ciudad donde en el local de moda (el Vega) pone buena música y trae a grupos estupendos. Una ciudad donde las bicicletas son gratis gracias al sistema “carrito de súper”. Una ciudad donde la comida (contrariamente a mi idea preconcebida), está buena: mucho pescado y muchas salsas picantes (para combatir el frío, presumo). Una ciudad bonita, de canales, edificios sobrios y cafeterías con libros.
Claro que tiene sus contras: la primera, of course, el tiempo. Frío, lluvia, un deprimente gris… Los seres que habitan la ciudad perfecta no se amedrentan ante las inclemencias del tiempo; han desarrollado un efectivísimo sistema de protección. Las mujeres esconden sus encantos bajo un mono impermebable de motorista y siguen desplazándose en bici como si tal cosa. Luego llegan al bonito restaurante de turno, se despojan de él y, como una crisálida a punto de metamorfosearse, emerge una bella criatura en minifalda y top. Los niños, rubios, guapos, educados y perfectos parecen duendecillos bajo sus monos de esquí. En las guarderías, con grandes ventanales a la calle, un profesor juega (¡tan sólo!) con cuatro chiquillos en pañales, porque la calefacción funciona a toda máquina. Luego está el tema monetario o, mejor dicho, coronario.
Copenhague es caro. Comer, moverse, tomar una copa, comprarse unos tejanos… Pero no es difícil vivir subvencionado. Por ejemplo, puedes entrar en la biblioteca pública, y sin necesidad de carnet de usuario, conectarte a internet sin más. Bueno, mejor decir good morning o god morgen. Imagino que, si eres ciudadano, las ventajas se multiplican.

Los muchachos copenhaguenses o copenhaguíes son apuestos pero tienen mal beber. Su aparente impasibilidad se viene abajo con una copa de más (que equivale para su aguante a la segunda y tamaño chupito; la menda necesitó unas siete u ocho-a precio de corona danesa-para poder notar sus efluvios) y entonces pierden los papeles y les salen muchas manos. Bailan un poco mejor que los alemanes, pero no mucho más. El tema de la arritmia es muy centro-europeo.

El tópico es cierto y las morenas de ojos oscuros les parecen de lo más exótico. Y, chicos de la iberia, no dejéis de ir porque las danesas son abiertas y a la inversa también funciona: para ellas morenos de ojos marrones son lo más.
En fin, que me hubiera quedado a vivir una temporadita; su orden es muy terapéutico. Además, visitarla con un holandés de raíces danesas facilita las cosas. Y si el holandés es ocurrente, sin complejos y buen amante, la facilidad se convierte en idoneidad.
Vamos, que he vuelto escandinófila y con bajón “vuelta a casa”. Pero que me quiten lo bailao, sobre todo en el Vega.
P.D. La sirenita es pequeña, sí, pero queda muy mona ahí en medio de una roca del mar.


Una canción para visitar Copenhague: Evig Pint – Kaizers Orchestra.

viernes, enero 26, 2007

LLEGÓ EL DÍA

Mi historia con Mario ha durado 68 días y 5 horas.

La madrugada del viernes 19 de enero, a las 00.17 pm hora local, servidora cerraba la puerta de un taxi dejando en el aire las estúpidas palabras “Hasta siempre”. La frase hizo un bonito tirabuzón en el aire y entró por el tímpano derecho de Mario. Fue dándose un garbeo por el hipotálamo de su cerebro y allí conectó algunos millares de neuronas que a su vez formaron una nueva frase. Pero la pobre debió tropezar con el lóbulo frontal y no salió nunca.

Creo que he tomado la decisión correcta. Y lo más inverosímil para mí continúa siendo que 68 días y 5 horas después de aquel encuentro en casa de Joana, jamás hubo sexo. Aún así me siento lloricosa y triste, y eso que no le amaba ni le amé nunca.

Vaya por delante que normalmente si estoy (por usar un verbo sin sentido) con alguien, suelo entregarme (por usar un verbo culebronero) en cuerpo y alma, independientemente de si lo siento como un rollete o como el hombre de mi vida. Suelo diversificar cuando se trata de objetivos, pero tras la consumación (en sus diversos grados), me concentro sólo en uno. Por ahorrar energía, supongo. Pero con Mario todo era raro: no nos veíamos apenas, aunque hablábamos bastante por teléfono. Algunos fines de semana me quedaba en casa como una monguita porque ninguno de los dos proponía un plan. Sentía una vaga sensación de pérdida de tiempo pero a la vez una incomprensible y puñetera curiosidad y atracción.

El viernes pasado quedamos. Esta vez, nada más verme me dio un besito en los labios y pasó su dedo pulgar por mi mejilla y a mi me dio un escalofrío, pero no sé muy bien por qué. Sonreí, que es lo que hago cuando no sé qué hacer.
Estuvimos un rato por ahí, comprando libros y discos y riéndonos de todo. En la librería La Central vi a CasiJack, que es un rollete que tuve hace meses, pero no le dije nada.
Cenamos en un sitio monín porque insistí. Quería crear un clima favorable para hablar de una vez por todas de nosotros, de lo que pasaba o dejaba de pasar. Estaba harta de pasar de los besos apasionados al penúltimo capítulo de Héroes, como si nada; de la nebulosa que había suspendida entre los dos. Pedí vino y le fui rellenando la copa disimuladamente.
A media cena, fue desprendiéndose poco a poco su impenetrable coraza de hombre frío. Primero sacó un brazo y me tomó la mano, después el otro y se tocó el pelo. Luego los dos pies y me dio una patada sin querer por debajo de la mesa. Por último se sacó el casco y de camino al lavabo me dio un beso. Cuando volvió a la mesa, lo solté.
–Mario, ¿qué esperas de esto?
–Que no sea muy caro
–Idiota, ya te he dicho que pago yo. Me refiero a esto que hay entre nosotros.
–Pues… no sé. ¿Tú que esperas?
Ala, ya estamos. Devolviendo la pelota a mi tejado. Como paso del “yo pregunté primero”, se lo dije.
–Quiero saber cuándo vamos a acostarnos.
–¿Por qué es tan importante para ti?
–No se trata de si es importante o no. Se trata de que me apetece. Me gustas. Yo te gusto. ¿Qué hay de malo en tener sexo? Sé que pasa algo y me gustaría saber qué es.
La explicación que me dio a continuación es, desde mi humilde punto de vista, rocambolesca e incomprensible pero respetable. Paso a reproducirla con mayor o menor exactitud.
Al chico le rompieron el corazón. Después de 9 años con su novia de toda la vida, ésta le dejó por otro. Luego se enteró que durante unos meses ella estuvo folleteando con el otro antes de que lo dejaran. Mario tenía un pobre concepto de las mujeres en general, así que decidió que no se volvería a acostar con ninguna hasta que estuviera completamente seguro de que iba a ser (sic) la madre de sus hijos. Es decir, la próxima novia de 9 años mínimo; su alma gemela, la mujer de su vida, vaya.
Ayvalahostia que diría mi amiga Itziar.
Me tocaba hablar a mi. Y servidora se había hecho un propósito de año nuevo. Así que lo fui dejando ir todo, con voz algo entrecortada: que respetaba su decisión, aunque a mi juicio le dejaba al margen de relaciones e historias maravillosas más allá del amor para toda la vida, amén de lo tristón y doloroso que debe ser el celibato autoimpuesto. Que yo no solía enamorarme facilmente. Que de él no estaba enamorada. Que me parecía sexy e interesante, pero que no oía campanillas ni a la Callas interpretando Carmen de Bizet en su presencia. Que a veces el amor surgía de la complicidad. Que a mi parecer se comía demasiado la cabeza y no disfrutaba del ahora por una especie de rencor soterrado.
Estuvo callado todo el rato. Finalmente habló.
–De todo lo que me has dicho, lo único que me ha dolido de verdad, aunque ya lo sospechaba, es oírte decir que no estás enamorada de mi. Porque yo sí.
–Lo siento.
–Mila… ¿cómo debe ser el chico del que te enamores?.
Y no sé si la pregunta me la hizo a mi o al aire.
“Una barba de tres días. Unas entradas sin escapatoria. Una voz profunda y rota. Un humor canalla y sorprendente y un cerebro capaz de retener datos inútiles. Una mirada que atraviese el esternón y que lo diga todo, que diga, Mila te deseo y te quiero y que luego baje hasta el suelo cuando aparece la única pega, el único pero; la novia que yo no soy”.
–No lo sé. Supongo que pasa y ya está.
Anduvimos juntos, cogidos de la mano, más próximos el uno del otro de lo que estuvimos jamás en los 68 días anteriores. Como si dichas ya las palabras sólo quedara lo que éramos. Un hombre complejo y confundido y una mujer con la cabeza y el corazón donde no debía.
–Supongo que esto se acaba aquí–le dije.
–Supongo que sí.
Y entonces paré el taxi y dije aquellas estúpidas palabras: “Hasta siempre, Mario”.

Fotografía de Pepx

viernes, enero 05, 2007

AÑO NUEVO, LÍO NUEVO

Pues ya está aquí el 007. Y llega movidito. En mi examen de conciencia pre-neo-annus decidí precisamente que iba a pasar de propósitos y buenas intenciones, ya que siempre me quedo en un estado de duda y estertor corporal, haga lo que haga. Me propuse abrazar con entusiasmo el consejo que hey mr. diyéi me dio hace poco: dejarme sorprender. ¿Que Mario llama? Ala, qué sorpresa. ¿Que no llama? Ala, qué sorpresa. ¿Que se cruza en mi vida un apuesto caballero de dientes blancos, ternura contrastada, amable inteligencia y fino sentido del humor? Ala, qué sorpresa; pensaba que sólo el señor Maravillas cuadraba con la descripción…
Si me hubiérais visto… todas las semivaciones navideñas así, en estado de perpetua indiferencia, aguardando en secreto esa sorpresa que iba a llenar mi vida de excitación y sintomático misterio. ¡Suena el móvil! ¡Qué sorpresa! Es… una teleoperadora de Vodafone.
Pero era inevitable: entre perpetua indiferencia y crónica indolencia me quedaba tiempo para volver a pensar en Mario. ¿Qué le pasaba? Ya le hemos dado demasiadas vueltas a eso. Sea un friki, un tímido compulsivo o un capullo, lo cierto es que a la menda no le dejaba indiferente. Tras la conclusión por una parte importante de la concurrencia de que eran mi orgullo y amor propio pisoteados y revolcados en el fango del desplante y la autocompasión lo que me impedían asomarme a las dulces promesas de sus virtudes, decidí ser menos susceptible. Así que le llamé. Para que no se diga.
Aish… me parece oíros, a tod@s l@s bienintencionad@s ¡Insensata! ¡Masoquista! ¡Temeraria!
Y la verdad… sí que lo fui, sí. Vaya lío.
Mario es como un libro de tapas bonitas. Apuesto y con grandes promesas de erudición y conocimiento universal. Utiliza palabras como “inconmensurable” y agarra la botella de cerveza con los dedos índice y corazón y la palma de la mano hacia arriba. Pero luego es… aburrido. Aburrido y predecible. Aburrido, predecible y sexy.
Porque a ciertas alturas de la tarde-noche, con la esperanza de que Papa Noel fuera generoso conmigo, lo único en lo que yo pensaba era en las ganas que tenía de echar un polvo con él. Le miraba a la cara mientras sus palabras se volvían una letanía insulsa de catarsis personales y conciencias maltrechas y sus labios se convertían en el objeto de deseo más ansiado por mi desde el SingStar Rocks edición británica. Consciente de que esos pensamientos no eran propios de una señorita de colegio de pago, tuve a bien abstenerme de tropezar de nuevo con la misma piedra. Me armé de paciencia y esperé que él tomara la iniciativa, fuera ésta cual fuera. Finalmente ésta consistió en que de repente, en el recodo más insulso del trayecto, le dio por agarrarme del brazo y plantarme un beso, así sin avisar (¿será su especialidad?). Me pareció como si lo hubiera estado planeando durante un rato y luego lo hubiera llevado a la práctica sin demasiado rigor romántico.
¡Ala, qué sorpresa!

Por un momento pensé en apartarme y hacerme la ofendida, en plan represalia venezolana, pero ya le tenía yo ganas, así que seguí el guión de forma impecable. Si él apremiaba, yo apremiaba. Si él aflojaba, yo aflojaba. Per debo reconocerlo: al besarle, todo cambió. Mi desidia, mi sensación de pérdida de tiempo se esfumaron. La atracción que nos unía hizo que la espera mereciera la pena. Besaba de maravilla y yo me sentía en el séptimo u octavo cielo.
Estuvimos así un rato, en plan adolescente, pero yo no dije esta boca es mía (entre otras cosas porque la obstruía su lengua). Cuando por fin nos separamos, esperé unos instantes esperando la proposición. Aún había una oportunidad para la redención. Por fin él iba a sugerirlo… Apoyó su frente en la mía y sonrió. Mi corazón iba a mil por hora. “Ahora me lo soltará” Ahora me dirá “quiero hacer el amor contigo”. Y yo le cogeré de la mano, pararé un taxi y entraremos en mi casa como dos huracanes de pasión y desenfreno, arrancándonos la ropa y lanzándonos con violencia sobreactuada sobre mi cama del Ikea.
Y entonces lo soltó.

“Yo… ejem Mila, yo… esto… nunca lo había sentido antes. Es una pasada”.

Glups.

¿Sentimientos?
Me quedé helada. Me sentí mal. Me sentí una harpía, una femme fatale de pacotilla. Repasé mentalmente mi comporamiento ulterior, algún resquicio, algún desliz por mi parte que hubiera dado pie a intuir o esbozar algo parecido al amor. Sinceramente, yo creía que con 31 años esas cosas ya no pasaban así, de golpe y porrazo. Reconozco que quise huir. Salir corriendo de allí. Pero no pude. Sólo sonreí por fuera y me morí un poquito por dentro.

Esa noche tampoco hubo sexo. Sólo la amarga sensación de que, una vez más, me había metido en un lío. Porque a esas alturas ya sabía que nunca, nunca iba a poder enamorarme de Mario.

Y aquí está mi propósito de año nuevo: decírselo.

viernes, diciembre 15, 2006

THE WAY WE WERE. PSICOANÁLISIS MUSICAL


Llega un nuevo meme, esta vez me lo manda
Carmen desde Antherea, y debo decir que he sudado la gota gorda. Tal y como me van las cosas últimamente en el terreno sentimental, lo que está claro es que dentro de unos meses seguro que pondría otras canciones totalmente distintintas para definir según qué.

¿Eres hombre o mujer?
No surprises. Radiohead.

Descríbete:
Thrillseeker. The Divine Comedy.

¿Qué sienten las personas cerca de ti?

Everything in its right place. Radiohead.

¿Cómo te sientes?
I might be wrong. Radiohead.
I wish I can. Muse.
Nunca me entero de nada. Los planetas.

¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?
Everyday I love you less and less... Kaiser Chiefs.
Feels like pain. The Grates.


Describe tu actual relación con tu novio/a o pretendiente(s):
Let's call it love. Sleater Kinney
Where is my love? Cat Power


¿Dónde te gustaría estar ahora?
Around the world. Daft Punk.

¿Cómo eres respecto al amor?
Fire, fire. M.I.A
I'll be yours. Placebo
.
Can't get you out of my head. Kylie Minogue


¿Cómo es tu vida?
Oh my God. Kaiser Chiefs.

¿Qué pedirías si tuvieras sólo un deseo?
Violently happy. Björk

Escribe una cita o frase famosa.
"Why don't you remember my name?" Paranoid Android. Radiohead.

Ahora despídete:
Song to say goodbye. Placebo.

Lo bueno de que te gusten atormentados como Thom Yorke es que luego va muy bien para este tipo de papeletas. Ala, le paso el marrón a Anita B. de El callejón de los gatos; a Ángel de La conjura de los necios y a Miranda de Noches de Tokio y miel. Se lo iba a pasar a Abogada y a Hans, pero alguien se me ha adelantado con otro meme y no es plan ser tan monotemáticos.
Y si alguien quiere psicolanalizarse musicalmente en los comentarios, está invitadísimo/a; tiene algo de catalizador la mar de recomendable.



lunes, diciembre 11, 2006

DESCOLOCADA

Si coges a un chico de 31 años, le inyectas una dosis de existencialismo sartriano, dos de recato mal entendido y tres de compleja psicología emocional, ¿qué te sale? Te sale Mario. El friki, adorable y rarito de Mario.
Tenía que ser así. Yo idealmente persigo al hombre-boina; un hombre de pensamiento masculino, futbolero y musiquero, que piense casi todo el día en el sexo; que incluso mire sin disimulo a los “huesitos de pantalones caídos enseñando tanga”, como tan lúcidamente escribe la amiga Moblog, pero a la hora de la verdad, la menda acaba embarullada con hombres de pensamiento femenino, complicados y difíciles de asimilar.
Hace dos viernes quedé con Mario por primera vez. Al divisarlo de lejos en la plaza sentí un escalofrío indescriptible. Su figura se recortaba contra la pared agujereada de aquella iglesia; apoyaba un pie en el muro y encendía un cigarro mientras el viento le abría la gabardina sin abrochar. Realmente, la imagen parecía sacada de una tosca peli de cine negro grabada en vídeo por un espíritu poco creativo. Mi mitad frívola (bueno, mitad y tres cuartos) en aquel momento lo primero que pensó es que no se había puesto las preciosas Vans, sino unos insulsos zapatos marrones.
A partir de ese momento empezaron a pasar cosas raras.
Fuimos a un bar y en mi firme propósito de no caer en viejos errores, no pedí alcohol. Él se mostraba algo nervioso; jugueteaba con el encendedor más de la cuenta y se tocaba demasiado a menudo el mechón que le cae justo delante del ojo derecho. Interpreté con la lógica aplastante que me caracteriza que eso era síntoma de que servidora le gustaba.
Yo tampoco era la viva estampa del saber estar, precisamente. Creo que emití alguna risa nerviosa a destiempo e incluso me parece que repetí alguna bromita sin importancia. No conseguía librarme de una extraña sensación: Mario me parecía interesante y atractivo, pero no conseguía sentir empatía ni fluidez con él. Era como si permanentemente tuviera que estar atenta a lo que decía, como si la espontaneidad entre ambos estuviera vetada. No sé si consigo explicarme. Había química entre los dos pero ni asomo de la complicidad que en su día noté con el señor Maravillas. Aún así me interesaba lo que decía, cómo pensaba, aunque me iba dando cuenta a pasos agigantados de que se trataba de un hombre complicado, difícil y tortuoso, cual proceso de paz en Euskadi. En ese instante debería haber hecho caso de mi piloto de emergencia, que a esas alturas pitaba más las campanillas de papá Noel en el Corte Inglés, pero of course la que suscribe mandó la alarma a la porra.
Quedaba el asunto de la tensión sexual. O más bien el asunto de cómo resolverla. Mario me gustaba y me apetecía enrollarme con él, pero su comportamiento era desconcertante y me daba un poco de cosa lanzarme y pegarme un buen hostión.
Del bar fuimos a cenar. El sitio era de todo menos romántico; a duras penas conseguíamos mantener la conversación del ruido que había. Mario sólo bebía agua con gas y yo me “atreví” con la cerveza.
A las 12 estábamos en una plaza del barrio de Gracia. Recuerdo la hora porque sonaban las campanas de la iglesia y él me preguntó qué iba a hacer en fin de año.
–Ni idea. Supongo que lo celebraremos en casa de algún amigo. Solemos hacer fiestas caseras. ¿Y tú?
–Yo no salgo nunca en fin de año. Me acuesto antes de las campanadas.
Nivel 1 de frikismo: superado.
–¿Y eso?
–Así no tengo que hacer balance del año que se acaba. Me obligo a no pensar en ello.
–Hombre, puedes hacerlo el día 1, o el 17, o cuando sea… es un poco inevitable, ¿no? Además, no siempre será malo.
–Me gusta hacer lo contrario que todo el mundo.
Nivel 2 de frikismo: superado.
–No está mal de vez en cuando ir contra corriente, pero hacerlo por pose, por obligación, me parece un poco estúpido.
Lo solté así sin más, pero es que en ese momento me Mario me pareció algo pretencioso. Por suerte él no se lo tomó a mal, y deshizo el entuerto.
–No, me refiero a salir porque toca. No soy muy fiestero y ese día todo es caro y difícil.
Entramos en un bar. Él pidió un agua con gas.
–¿No bebes alcohol nunca?
–Sí, pero hoy quiero estar sereno.
Ahí me descolocó. No me parecía posible que sus razones fueran las mismas que las mías, pero tenía que preguntárselo.
–¿Ah sí? ¿Para qué?
Y entonces, como en una chusca película pastelera, LO DIJO:
–Para esto.
Y me besó.
Era la primera vez en mi vida que me pillaban desprevenida. Cosa que se notó cuando me atraganté, por supuesto. Toda la magia del momento se fue a tomar por saco.
–Lo siento… balbuceó.
El pobre pensó que tosía para librarme de él. Qué vergüenza.
Rápidamente le disuadí lanzándome a su boca con pasión y frenesí.
Y entonces, cuando sus besos se hicieron más intensos, cuando comprobé que pese a la distancia comunicativa, la química funcionaba, cuando ya me sentía relajada y aliviada y excitada y por ello solté la frase “¿vamos a mi casa?”, entonces, entonces él alcanzó el nivel 3 de frikismo:
–Prefiero que no.
Dejó de besarme; estaba nervioso.
–¿Qué pasa?
–Creo que es mejor que me vaya. Te llamaré.
Ahí la que se puso nerviosa fui yo.
–¿Qué? ¿Se puede saber qué te pasa?
Las diversas hipótesis pasaron por mi cabeza en décimas de segundo: tiene novia, tiene novio, tiene el sida, tiene micropene, sufre impotencia, es un calientabraguetas a la inversa. Incluso pensé que igual tenía la regla. No disipó mis dudas.
–No ocurre nada, de verdad. Eres genial. Sólo que prefiero ir más despacio.
–Está bien. Si es lo que quieres. Nunca hubiera imaginado… pero bueno; en fin…
No sabía que decir.
No nos besamos más. Cambió de tema, charlamos sobre insustancialidades y nos fuimos. Cada uno a su casa. Él se alejó mirando al suelo. Yo me quedé alucinada y con una desagradable sensación de rechazo.
Esa noche me acosté con Magnus, mi vibrador.

lunes, noviembre 27, 2006

ESE SER

Dolorida pero sana y salva retomo mi acelerada vida. Pero ya nada será igual. No después de haber compartido habitación de hospital día y medio con ese ser (Carmen, qué clarividencia la tuya al preguntar). Ese ser que ni en tus peores pesadillas, en tus más funestas quinielas, en tu vaticinio más pesimista puedes llegar a imaginar como hipotética compañía de convalecencia: la compañera de habitación loca de remate.

Ni parapetándome tras la pantalla de la nintendo DS, con los auriculares a todo volumen, conseguí librarme de la letanía de su verborrea. Qué capacidad para saltar de un tema a otro, hilvanándolos sin ningún tipo de relación ni temática ni gramática. Qué estoica habilidad para hablar y hablar y hablar y siempre de temas escatológicos, médicos, psiquiátricos. Por la habitación desfilaron virtuales conocidos suyos de comportamiento innoble, modelos, presentadores de la tele y médicos sin atisbo de vergüenza, anécdotas insulsas de vacaciones y dolencias sin fin.
Estuve a punto de colarle el diazepán ése que te enchufan a la hora de dormir en su vaso de agua mientras no miraba, con tal de ganar una hora de sosiego, de paz, de solaz esparcimiento. Pero como estaba conectada al suero, pues no tenía mucha movilidad, fíjate.
De nada sirvió pedirle silencio. De nada sirvió insinuarle fatiga, nerviosismo o autismo súbito. Ella lanzaba las palabras al aire, hablaba para una audiencia imaginaria, así que yo acabé desarrollando una habilidad pasmosa para asentir periódicamente y desconectar por completo. En el fondo le daba igual que escucharas o no.
Con este panorama, comprenderéis el alegrón que me dio cuando vinieron a buscarme para llevarme al quirófano. Creo que he sido la única paciente en la historia clínica del hospital que recorrió los pasillos en camilla con una sonrisa en los labios.
Bueno, también influyó en mi buen humor un SMS de última hora:
"Ánimo, princesa, que todo irá la mar de bien. Un beso".
Princesa. Beso.
Era del señor Maravillas. Sabía de mi intervención por mi amiga Elena, que trabaja con él.
Me gustaría poder contaros que gracias a la anestesia viví con él un apasionado romance de ensoñamiento, pero será que la química avanza que da gusto, porque me quedé grogui y no recuerdo nada.
Por suerte para mi y mi sufrida convalecencia, el Ser fue intervenido quirúrgicamente ese mismo día, con lo que gané una tarde de serenidad en la que me dediqué a fantasear a mis anchas. También recibí una llamada de Mario (bueno, me llamó más gente, pero sólo esa llamada me produjo aceleramiento cardiovascular). Fue escueto, casi seco, preguntándome qué tal había ido y esas cosas. Le dije que bien.
Hemos quedado este viernes.
Al día siguiente me facturaron a casa y aquí estoy de nuevo, en activo, feliz y contenta por haberme librado de mis cuerpos extraños y, sobre todo, de la loca de remate.
De vez en cuando miro el mensaje de mi móvil y también siento taquicardias.
Pero no quiero pensar en el señor Maravillas.
Así que recupero en mi mente la voz telefónica de Mario y sonrío de medio lado.
Gracias a tod@s por los ánimos virtuales.

Una canción para recuperarse: Take my temperature, Kaiser Chiefs.


martes, noviembre 21, 2006

VISITA AL CORAZÓN DEL ESTADO DEL BIENESTAR

Unas líneas para señalar que estaré missing unos días por culpa de una sencilla intervención quirúrgica (no es estética, válgame Dios), y que espero estar en forma ya la semana que viene (ayudará el factor "hospital público-lárgate cuanto antes") para continuar a la caza y captura de Mario (he postergado mi cita con él) o de algún enfermero guapo que se cruce en mi camino durante la convalecencia. Si es que los hay.
Por cierto, he estado en lista de espera sólo 7 meses... ¿no es un orgullo vivir en este país?

miércoles, noviembre 15, 2006

PESQUISAS DE ANDAR POR CASA

Tengo el mail de Mario gracias a la invitación virtual que Joana envió de la fiesta. No le pedí allí su número de teléfono porque no supe enfocarlo. Vamos, que no me atreví. Y él, que no parecía el hombre bala precisamente, tampoco se lanzó. Eso en el caso de que se le hubiera pasado por la cabeza… He sopesado la opción mail-sopresón. Le he dado muchas vueltas a qué le pongo: “Hola, soy Mila, du yu rimemba? Dame tu número y quedamos, vamos a tomar algo juntos, a hablar de Vila-Matas y de la broca del seis”. Podría ser. He estado a punto de darle a “enviar” pero me he rajado.
Necesito una primera prospección. Así que he llamado a Joana y no me he andado con rodeos:
–Niña, ¿Mario tiene novia/novio/ compañero/compañera/ marido o mujer?
–¡Ala, ya empezamos!…
No puede evitarlo. Me reprende constantemente. Joana sale con un chico guaperín como todos sus guaperines que a mi no me dicen nada, igual que mis raritos no le dicen nada a ella. Por eso tiene la (errónea) impresión de que los tíos que me gustan no valen mucho o que (y ésta no es tan errónea) son problemáticos.
–Hace casi un año lo dejó con su novia de toda la vida (No hará eso el señor Maravillas, no –ha pensado la parte obsesiva de mi cerebro–) y que yo sepa desde entonces no está con nadie. Aunque es muy reservado, o sea que no puedo asegurártelo. –Y casi sin respirar– ¿En serio te gusta? Es un poco raro… Majo, pero raro.
–¿Raro en qué sentido?
–Pues que habla poco y de cosas raras. De libros y de cine pero a un nivel algo aburrido.
–Vaya, que es un “intelectual” de pote.
–No, de pote no, sabe un huevo pero de cosas que nadie más sabe.
Un wikipédico. Estupendo.
–Había pensado enviarle un mail proponiéndole que quedáramos. ¿Cómo crees que se lo tomará?
–Flipará
–¿Pero flipar bueno o flipar malo?
–Flipar bueno, creo. Hablásteis mogollón en la fiesta, ¿no? Eso ya es mucho. No lo había pensado, pero ahora que lo dices, eso es raro.
–No tan raro si él es raro.
–No. Bueno sí, pero es raro que hable mucho con una tía. Tiene un punto misógino oculto.
–Uff, no sigas. Vaya panorama.
–No, no, pero es majo. Algo escuchumizado para mi gusto…
Típico de Joana. Ahora se había puesto a pensar en Mario como un candidato para ella.
–¿Le envío el mail o no?
–Mejor llámale.
En ese punto de la conversación me he sentido una adolescente de “Al salir de Clase”, así que he decidido dejarlo correr. Al cabo de diez segundos he vuelto a cambiar de idea. Y la nueva idea es la siguiente: “Le envío un mail. Si me dice que sí, ya está hecho. Si me dice que no, me olvido del tema, me tomo un Chocolate Therapy y escribo un post con la bilis. Total, es muy difícil que lo vuelva a ver…”. Patético pero efectivo.
Así que he recuperado el mail tal cual y le he dado al send.
Sorprendente y gratamente su respuesta ha sido rapidísima.
“Ok. ¿Dónde y cuándo?” (¡con todos los acentos en su sitio!)
Ahora sí que parezco una adolescente de “Al salir de clase”: no paro de repetirme “qué fuerte, tía, qué fuerte” con una estúpida sonrisa de niñata.

Una canción de subidón: TKO. Le Tigre.

miércoles, noviembre 08, 2006

NOCIONES BÁSICAS DE BIOÉTICA Y BRICOLAJE


Hoy he soñado que me enrollaba con Sawyer, el de Perdidos. Aunque está bueno a morir, no me suelen gustar los guapos-prototipo (me mola más, por ejemplo, Sayid), pero el chico ha estado tan bien en mi sueño que creo que ahora lo miraré en cada capítulo con otros ojos. Concretamente con ojos de lagarta. El caso es que hoy, a través del sueño y de Sawyer me ha dado por pensar más de la cuenta en Mario, el hombre tranquilo. No es que se parezca a Sawyer (no abundan los Sawyers ni las Kates por el área metropolitana), pero los dos tienen la misma mirada entre malvada y burlona. Y así estamos otra vez: un nuevo candidato a copar el manual.
A Mario le conocí en el (paréntesis: MARAVILLOSO, cierra paréntesis) concierto de Muse. No salió de la nada como Elvira sino que teníamos amigos comunes. Yo fui con mis ex compis de trabajo Joana, Pablo y Toni. Los veo sobre todo en conciertos y músicas de guardar y Toni siempre se ofrece a subirme a sus hombros; gracias a él pude ver hace tres años en el Primavera lo gordo que estaba Frank Black. En el concierto de Muse estábamos en un lateral de las gradas del Palau d’Esports y no tuvo que hacerse el machote porque veíamos perfectamente. Toni y Pablo, que estudiaron juntos diseño gráfico, habían quedado con unos amigos de aquella época jovial e inútil. Para mi alivio no eran gafapastas ni pelilamidos, sino un par de chicos la mar de normales ostentando con orgullo el uniforme tradicional de mi corazón: tejanos, camiseta y Vans.
En concreto las Vans de Mario eran preciosas, en contraste con su anodina camiseta.
Hablamos poco y fumamos mucho. Mi radar detecta-futuribles está en el taller por culpa del capullo de Mr. Wonders, así que no estuve chisposa, ni tan siquiera amable. Estuve correcta, que es el deporte nacional de los catalanes y catalanas de a pie.
Justo una semana después, en una fiesta que Joana hizo en su maravilloso piso chollo de 110 m2 volvimos a coincidir todos. Fue una noche rara, casi surrealista. Mario estaba en una esquina peleándose con el corcho de una botella de vino. Le pregunté si quería que llamara a Kristian Pielhoff y no lo pilló. Claro, mi frikismo no abunda.
–Es el presentador de Bricomanía.
Se puso muy rojo y ahí corroboré que mi primera intuición de timidez supina era correcta. Por fin me sirvió un poco de vino en mi vaso de plástico, con trocito de corcho flotante incluido. Empezamos a hablar de sus Vans y mientras le describía cómo eran el último modelo de mi amigo Pep “el coleccionista de zapatillas deportivas”, me di cuenta de que la conversación era asquerosamente superficial, así que pasé a Peter Singer y el debate bioético con una facilidad tan pasmosa que me di asco a mi misma. Pero entonces, de repente, él pareció estar en su salsa:
–Su Compendio es un referente casi insuperable para la ética filosófica actual–me contestó.
Toma castaña. Me lo tenía bien merecido por repelente.
–¿A qué te dedicas?
Resultó que el chico es bibliotecario, lector empedernido y asiduo devoraletraimpresa. Estudió bibloteconomía o como se diga después de lo del diseño gráfico por una cuestión de “vocación tardía”, como él mismo definió.
Hablamos mucho rato, sobre todo yo. A ciertas alturas de la noche pensaba que era majo pero mortalmente serio cuando apareció Joana con un plato lleno de olivas. Cogí un palillo, pero el vino acorchado o la torpeza innata me jugaron una mala pasada. No conseguía clavarlo en ninguna aceituna. Entonces él se desquitó.
–¿Quieres que llame a McGyver?
Y me miró entre malo y burlón.
Creo que Mario me gusta.

Una canción para espíritus contentos: Sirena, de Calexico. Por cierto, muy recomendables en vivo.


miércoles, octubre 18, 2006

EN DÍAS GRISES...

En días grises como hoy me acuerdo de mi soleado y ya incipientemente lejano verano. Me acuerdo de Gierassimo y de Erik y de Bert. Vamos, que me acuerdo del sexo. Del sexo pasional y experimental, del sexo que se sabe con fecha de caducidad. En días grises como hoy vuelvo a la realidad de mi vida sin sexo frecuente, sólo esporádico y nunca con el señor Maravillas.
Sí, lo sé, ya le estoy dando vueltas otra vez a lo mismo. Y es de idiotas. Recuerdo que este verano, cuando aún no podía creerme mi dicha y mi suerte al mirar la cara de mi griego imberbe o al oír a un holandés impresionante llamarme bella mientras me comía a besos, me reía de mi misma para mis adentros "cuántos tíos en el mundo, Mila, cuántos que valen la pena, esperando hacerte feliz, quizás unas horas, quizás unos días, o quizás toda una vida, y tú colgada de un tipo inseguro, normal y ennoviado al que sólo le detectaste unas cuántas miradas; puede que sólo imaginaras que sentía algo por ti". En esos momentos, lo juro, me acordaba del señor Maravillas con una especie de melancolía entrañable, y creía que su fantasma estaba a punto de extinguirse.
Pero el verano pasó, los tipos fabulosos me dejaron felicidad y un chute de autoestima pero nada más. No me enamoraron ni me hicieron perder la cabeza, así que vuelvo a la realidad y el fantasma vuelve con ella.
Le vi ayer y como una estúpida púber se me aceleró el corazón. Fue casualidad pero las casualidades no suelen ser mi fuerte, así que supongo que algo tendría que ver que yo merodeara algo más de la cuenta por el barrio donde trabaja. Pero aún así fue casualidad. Como fue casualidad que él no tuviera prisa, que yo tampoco, que fuéramos a tomar algo, que charláramos de la vida, que nos riéramos juntos de las mismas tonterías (desde aquí agradezco a CIU que haya pixelado los ojos de un perro de peluche para preservarle la identidad en esa bazofia de DVD electoral; no sabrán nunca cuántas risas cómplices han generado). No fue casualidad que esta noche volviera a soñar con él, ni es casualidad que hoy vuelva a estar sensible y ñoña y escriba posts como éste. Además, esta vez le noté sólo cordial. Intenté desentrañar en su comportamiento, en sus palabras, alguna señal, alguna pista de que sentía algo por mi, pero no hubo suerte. Sólo casualidad.
Y me digo a mi misma que una vez más estoy en el sitio equivocado en el momento erróneo. O que tengo la estúpida habilidad de enamorarme de los hombres que no me convienen: porque no son buenas personas, porque no son capaces de hacerme sentir a mi buena persona o, como en este caso, porque simplemente ellos no se enamoran de mí.

BSO para un día gris y triste: The Organ: Memorize the city.