
Pero da igual. No puede ser. No debe ser. Aunque deba sujetar mis pupilas al estilo Clockwork Orange por las noches, levanto el puño en alto y juro a la viga del techo que nunca más volveré a dejar pasar tantos días entre entrada y entrada. Que se me acumulan las anécdotas, ottia.
Por ejemplo, la experiencia del Let's festival en la estupenda Salamandra. O mejor dicho, de la mitad de él, porque sólo fui dos de los cuatro días que duraba.
Dios, los Tarántula. Qué maestrío. Qué forma de desgañitarse. Atónita observaba yo a los cuatro pintorescos mozos mientras aporreaban sus hits de "Esperando a Ramón".Por ejemplo, la experiencia del Let's festival en la estupenda Salamandra. O mejor dicho, de la mitad de él, porque sólo fui dos de los cuatro días que duraba.
Ole, Josele. Cómo aparecer medio taja en un escenario y aún así (o precisamente por eso), conseguir una química brutal con su magistral guitarrista acompañante. Cómo mandar por saco el repertorio y lanzarse a tocar la música que te apetece; en este caso clásicos del rock&roll con un destreza adorable.
Maigod los Antònia, la niña de mis ojos (o nineta dels meus ulls), tan refrescantes como siempre, aunque aquí debo matizar que el “como siempre” va también por su acepción de "habitual", ya que hacen el mismo repertorio again and again, sin sorpresas ni sobresaltos. Pero aún así siguen siendo un regalazo. Supongo que voy a demasiados conciertos suyos.
Y de Fire no puedo hablar, porque llegué tarde y de Dorian no opino, porque no me gustan aunque les reconozco el mérito, sobre todo por ser tan púberes.
El viernes mi cuerpo dijo "¡Basta! ya tienes una edad. ¿Acaso crees que puedes salir miércoles y jueves y sin que yo te pase factura, pequeña ilusa? ¡Toma dolor de espalda y sueño demoledor!" , por lo que me quedé en casa aun sabiendo que me perdía al "Chico de la espina en el costado" y también la oportunidad de ver por tercer día consecutivo al "Chico de las patillas tentadoras", de nombre Marc y de profesión eterno aspirante a estrella del pop. Menos mal que ya tenía su teléfono.
Pues sí, amados y amadas, estoy tramitando un nuevo lover. Un apuesto y escuchumizado jovenzuelo de ojitos de cervatillo y labios carnosos que toca el bajo en un grupo pop, "Los Burbujas", que por no tener no tienen ni Myspace.
El batería de "Los burbujas" es Roger (léase "rushé", no “rósher”, como “rósher rabbit”), hermano de un amigo (por cierto, estoy pensando en que me dé clases de batería; algo que hace mucho tiempo que tengo ganas de hacer, si encuentro el ídem). Nos conocíamos lo suficiente para que Marta, Raquel y yo compartiéramos durante las diversas actuaciones esporádicos pero largos momentos con él y sus colegas, que no eran otros que las burbujas que faltaban.
Marc es el prototipo de chico que me gusta, así que inicié sin rubor toda la ceremonia del cortejo homo sapiens, en el que la hembra despliega todos los encantos de los que dispone. Sólo me faltó hacer el baile de la grulla. Pero bueno, imagino que funcionó, porque se lo hizo venir bien para pedirme el teléfono y darme el suyo. O quizás sólo está buscando groupies para impresionar a la audiencia en el siguiente bolo, porque el pretexto fue invitarme al próximo concierto burbujil.
Por el nombrecito del grupo y por las influencias musiqueras que me mentó, imagino que hacen “poppy-pop” de ése con letras del tipo "vamos al parque, la hierba está fría y mojada". Vamos, “bubble pop". Pop dulzón y chicletoso con letras de intensa verdad soterrada en las cosas cotidianas. Y yo tengo alma de rock, qué le vamos a hacer. Pero bueno, no es su ipod lo que quiero de él, así que le dije que iría encantada.
A parte de eso puedo añadir que no tiene novia, que suma sólo 27 añitos, que trabaja como técnico operador de sonido, principalmente en rodajes, que tiene un bonito lunar en la aleta izquierda de la nariz y que luce unos lustrosos y brillantes rizos que se baten entre su naturaleza caucásica y el empeño de su dueño por conferirles un aspecto afro.
Y que el domingo me mandó un mensajito: “Muy pronto los burbujas en acción. Sigue atenta a la pantalla de tu móvil”, al que yo contesté. “Ok. Que tiemble Pamela Des Barres”.
Aunque igual ahora se cree que me quiero tirar a todas las bubbles…